El ecocidio comenzó con la caída de la gran Tenochtitlán, por allá de 1524. En aquél entonces, los mexicas (incluidos los xochimilcas, que pertenecían al imperio dominante), lucharon por algo más allá que su territorio, estaba en juego todo (nuestros conocimientos, la lengua, costumbres, rituales, creencias, forma de vida, altares, rituales… la idiosincrasia). Ellos, claramente, lo sabían, y perecieron, prueba de ello es que casi nada queda de aquella maravillosa cultura de la que poco sabemos.
Pero aún no termina esa conquista, esa destrucción sin sentido. Octavio Paz escribió en El Laberinto de la soledad que los mexicanos nos reafirmamos, al mismo tiempo que nos negamos. Es decir, sí, somos mexicanos el 15 de septiembre, nos enorgullecemos de ello, lo festejamos, lo restregamos y bailamos por ello con comida y bebida, pero después, lo negamos, preferimos vestir con marcas internacionales o marcas piratas que restrieguen lo internacional, aprendemos otra lengua que no son nuestras madres, admiramos a quienes se ganan la vida con formas cuestionables, mientras que los campesinos son aún considerados “indios”, refiriéndonos a ellos de forma peyorativa.
Xochimilco y la poca esencia que le queda está a punto de morir. Lleva muriendo hace años. Pero ahora es el capítulo final. Hay muchas pruebas pero mencionaré una sustancial: el ajolote, aquella especie la cual fascina a todo el mundo, y que está impresa en nuestra moneda, espera un censo (abril 2025) que mostrará cuántos ejemplares quedan en su hábitat natural.
De acuerdo con información del periódico Animal MX, los últimos censos se realizaron en 2004, 2008 y 2014, se encontraron 6 mil, mil, cien y 26 ajolotes por km2, respectivamente.
¿Cuál es el pronóstico para este censo en 2025? Todos sabemos la respuesta, adiós al ajolote en su hábitat natural, solo podremos verlo en un mugroso billete de 50 MXN y en las peceras de una caprichosa persona que osa tenerlos.
Afortunadamente hay personas que realizan esfuerzos por conservar este espacio: desde personas que habitan estas tierras, ambientalistas y cieníficos. Pero como sucede siempre, estos esfuerzos son insuficientes
Después de 500 años la conquista aún continúa. Se culpa a los habitantes, al gobierno, a los turistas, a las empresas y, no obstante, todos estos actores sí, contribuyen a su destrucción, pero también hay quienes se esfuerzan por conservar.
Para mayor entendimiento, es imprescindible revisar la historia. Por ello en la segunda parte describiré cómo fue la destrucción de este ecosistema.